Dicen que juntando cuatro patas de conejo con sal gruesa, & repitiendo ante el espejo, voy a olvidar, tal vez yo pueda deshacer el nudo que nos ata en este hechizo. 


Dicen que del día en que te fuiste, no hago mas que despedirte inventándome un presente 
para sentir que estoy haciendo algo por mi construyo sobre arenas movedizas. 


Si no te olvido, dicen que puede doler mucho más de lo que duele...











Dicen que para olvidarte tengo que viajar a Marte, hacer 300 años de terapia & decidir, dejar que pase el mes de Abril, juntar todas las hojas del otoño. 
Dicen que para olvidarte hay que tener en el bolsillo un almanaque sin domingos, un crucero & navegar en un océano sin mar, tomarse toda el agua de la lluvia. 
Cuando te tengo en mi memoria, estás acá...










Cuando querés que alguien te mire, no importa ninguna otra mirada. Vos querés esa mirada, & ninguna más. Pedimos a gritos, desesperadamente, que abran sus ojos & nos miren... que nos vean.
Somos esclavos de esa mirada, la necesitamos, como al aire.
Hacemos cualquier cosa por atraer esa mirada. Intentamos ponernos en el campo visual del otro, quisiéramos tener un reflector que nos ilumine, quisiéramos brillar para ser mirados.







Lo curioso es que los ojos que más nos obsesionan, son aquellos que no nos pueden mirar. La mejor mirada es la que se niega... sino esa mirada que no vemos, la que ignoramos, distraidamente. Esa mirada inesperada, fuera de todo cálculo, esa mirada que nos ve cuando no nos sentimos mirados, & por lo tanto, nos mostramos mejor. Una mirada es capaz de atravesar la máscara, & ver lo que hay detrás. Todos somos como luces apagadas, que sólo se encienden cuando alguien las mira.